«San Oscar Romero decia no tienten al pueblo con el hambre, con el sudor de su frente…todos debemos vivir con respeto fraternal»

Monseñor William Iraheta dando la homilía dominical.

Homilía Monseñor William Iraheta

CICLO A      PARA EL DOMINGO: XXX Ordinario.

Éxodo 22, 20-26. Salmo 17. 1Tesalonicenses 1,5-10.

Con el Evangelio según: Mateo 22,34-40.

Éxodo 22, 20-26:  Se recogen aquí un conjunto de leyes sociales sin orden estricto, todas regulan delitos especialmente graves. Veamos algunas:        +El sacrificio a dioses falsos, pecado de idolatría, era una tentación permanente de los israelitas que estaban rodeados de pueblos ricos y poderosos, pero politeístas, como Egipto, Babilonia, Asiria y, sobre todo, Canaán: tenía como sanción el anatema, que equivalía a la exclusión de la comunidad cultual y era una pena tan severa o más que la misma muerte.  +No maltratar al extranjero que —por guerra, peste o hambre—se había visto obligado a emigrar de su patria, también a la viuda sin familia y el huérfano desheredado que eran los prototipos de personas marginadas y pobres en aquella sociedad tribal. La opresión de estos marginados y débiles es uno de los pecados que claman al cielo.  Al igual que   la usura era sancionada con la intervención directa de Dios.                                                                                                   

1Tesalonicenses 1,5-10: La evangelización realizada por San Pablo constituye un modelo de proclamación del mensaje cristiano en todo tiempo y lugar. Como el Apóstol reproducía en su vida la vida de Cristo para conducir a otros a la fe, el cristiano debe comportarse de tal manera, que los demás vean en él a Cristo como en un espejo: Si el espejo es como debe ser, recogerá el semblante amabilísimo de nuestro Salvador sin desfigurarlo, sin caricaturas: y los demás tendrán la posibilidad de admirarlo, de seguirlo.

Mateo 22,34-40: Continúan los ataques de los dirigentes a Jesús, Frente a ellos Jesús define lo esencial de La Ley, lo que le da sentido definitivo.

 1 .  Después de los saduceos, que eran los ricos, entran en escena de nuevo los fariseos, piadosos y cumplidores de la ley. Los primeros son objeto de la envidia del pueblo; los segundos son admirados.

El grupo de los fariseos delegó entre ellos a un Maestro de La Ley, uno docto, que sabe y cumple lo que prescribe la ley,  para poner en dificultades a Jesús, un sencillo carpintero, con una pregunta ( Una pregunta honesta exige disponibilidad a escuchar la respuesta y cambiar de parecer; de lo contrario se trata de una pregunta no para conocer y cumplir la verdad, sino para descubrir al otro y tenerlo a favor de uno) pidiendo una solución a la cuestión de la primacía de los mandamientos:

 ¿Cuál es el mandamiento mayor (quicio) de la ley? La pregunta se refiere al principio que inspira la ley.Para la época de Jesús era muy discutida entre los rabinos la determinación de la importancia relativa de los mandamientos; aunque no faltaban voces que reclamaban el primer lugar para el amor a Dios y al prójimo, dominaba la opinión de que el mandamiento más importante, el quicio de la Ley entera, era la observancia del sábado.

La determinación de mandamientos grandes y pequeños no significaba, sin embargo, que unos fueran menos obligatorios que otros: todos tenían la misma importancia. Se contaban en La Ley 613 mandamientos, de ellos 365 negativos y 248 positivos. En esta ética atomizada faltaba la visión sintética que orientase al israelita, que Jesús da con la ley de la libertad, la del hijo que ama como quiere ser amado.Este lo ha sido desde la Ley Antigua, pero que los dirigentes han quebrantado sin cesar y además han buscado cambiarla.Jesús en su respuesta es claro: Es el amor total a Dios y al prójimo como a sí mismo.

+ Amarás: Dios nos pide amar porque Él es amor. Nos manda amar para que su vida llegue a ser también nuestra. A Dios no lo podemos agarrar con la mente y con las manos, sino que podemos tenerlo en el corazón. Es ante todo alegría del corazón por el bien del otro (lo contrario es envidia), se expresa con la boca como alabanza (lo contario es la crítica), y se realiza con las manos que se ponen al servicio del otro como si fuera para mí. Se manifiesta más en los hechos que en las palabras, lleva a comunicar lo que se tiene y lo que uno es, hasta la unión del entendimiento, de la voluntad y de la acción.

+ Al Señor, tu Dios: Para Israel el más grande mandato es amar al Señor, como respuesta a su amor. Con esta cita Jesús recuerda la esencia de la ley. El amor no es solamente el medio para guardar la vida, es la finalidad, la misma vida. Amar a Dios es unirse a Él. Por ello el que no ama se halla en la muerte.

+ Corazón: Indica toda la interioridad del hombre: Ya que el amor brota de lo íntimo de la persona, y uno obra según lo que ama. El que ama recuerda al amado, siempre lo tiene en el corazón, en toda circunstancia lo recuerda, y viene a ser principio de su sentir, pensar y obrar.

+ Alma (psuké): Es la fuerza vital del humano, y con toda ella debe orientarse el humano a Dios. Es como decir con toda tu vida, toda tu energía disponible. Pues el amor no es mero sentimiento, sino dirección de vida.

+ Mente: Aspecto racional de la interioridad. Es el ojo del amor. La mente valora todo en función de la finalidad. El saber o sirve para amar o no hace más que perjudicar, o crea relación y libertad o destruye al hombre, reduciéndolo a la esclavitud.

+ Este el primero y más importante… Ser el mandamiento primero significa que es el que le da sentido a todos los demás. Los dos mandamientos son inseparables: quien da la adhesión a Dios ha de

conformar su conducta a la conducta de Dios, el gran bienhechor del hombre, y está llamado a vivir como hijo y como hermano en Jesús.

+ segundo semejante a este… Amarás a tu prójimo: El prójimo es el más cercano, es el primer distinto de mí, que me hace tomar conciencia de mi finitud y de la suya. Puede ser mi enemigo del cual me defiendo y a quien ataco; pero de quien el amor hace el lugar divino de la acogida. Hay que amarlo ayudándole a amar a Dios, a ser el mismo, libre. (Lev 19,18)

+ Como a ti mismo: Al prójimo no debe amarse como absoluto, absolutizar lo relativo esclaviza, por eso debe amarse como a sí mismo, que me realizo amando a Dios con todo el corazón. Por consiguiente, amo al próximo si lo ayudo a amar a Dios, que lo hace libre y persona en plenitud.

 2. + Estos dos mandamientos fundamentan la Ley y los profetas:  La observancia de los dos mandamientos mencionados por Jesús habría hecho de Israel una sociedad justa y fraterna, pero el proyecto de Dios los hombres no siempre lo han hecho vida y por eso van fracasando; así Jesús enfrenta

a sus adversarios no con dos textos legales, sino con la persona de Dios y con la del prójimo.

Jesús deja bien claro que la única manera de entender la Ley e interpretarla está en centrarla en esta doble fidelidad:

        * A Dios, y

        ** al hombre.

De la ignorancia de este eje esencial ha procedido la situación lamentable en que se encuentra el pueblo.

La originalidad de la respuesta de Jesús no está en enunciar los dos mandamientos bien conocidos ya, sino en la equiparación de uno y otro y en la centralidad que les asigna; el resto de la ley es solo un derivado de esta orientación fundamental de la vida.

 3. Busquemos nosotros vivir siempre en esta doble fidelidad.

Porque hay quien amparado en la ley quiere hacer cosas que no son válidas, que no son lícitas moralmente, podrán serlo lícitas jurídicamente y no es lo mismo lo lícito jurico que lo licito moral… una ley te puede permitir muchas cosas, pero son pecado»

Mons. William Iraheta

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