Esta es una oración que Juan XXIII solía recitar durante la misa:
Padre celestial,
Padre de la misericordia,
acepta la oración de tu siervo:
1) en satisfacción y remisión de todos mis pecados;
2) para la salud y la fuerza de mi alma y de mi casa
y de aquellos a los que estoy unido por los lazos de mi servicio;
3) en satisfacción y remisión de los pecados de los gobernantes,
de los prelados, las almas consagradas y de todos,
para que te dignes conceder la gracia del Espíritu Santo a todos;
4) por todos los pecadores del mundo,
para que se conviertan y Él y los reconduzca al camino de la salvación;
5) para consolar a los atribulados,
para que les des sostén y verdadera paciencia;
6) para aliviar y liberar las almas del purgatorio,
principalmente aquellas que tienen derecho a mis oraciones;
y finalmente, para que todas las personas que no han recibido la luz del Evangelio reciban la iluminación de la fe
y por nuestros hermanos separados,
para que todos te conozcan y te amen a ti,
Padre Todopoderoso, que con el Hijo y el Espíritu Santo
eres bendecido por los siglos de los siglos.
Así sea.
