Primera Carta Pastoral de Mons. William Ernesto Iraheta Rivera: “Enseñar el Evangelio con Alegría”
Foto | Diócesis de Santiago de María.
El pasado 12 de marzo de 2017, con ocasión de su primer aniversario episcopal y en el marco del centenario del nacimiento del Beato Óscar Arnulfo Romero, nuestro obispo Mons. William Ernesto Iraheta Rivera presentó su Primera Carta Pastoral, titulada: “Enseñar el Evangelio con Alegría”.
Esta Carta Pastoral es una invitación clara y esperanzadora a vivir la fe como discípulos misioneros en nuestra Iglesia particular, que peregrina en la Diócesis de Santiago de María. Mons. Iraheta Rivera nos anima a anunciar con alegría el Evangelio, en medio de una realidad marcada por la pobreza, la violencia, la migración forzada, el deterioro ambiental y la pérdida de sentido.
En su Carta, nuestro Obispo nos recuerda que bendecir es parte esencial del ser cristiano. Así como Jesús ascendió al cielo dejando a sus discípulos su bendición (Lc 24,50), hoy nosotros estamos llamados a bendecir la vida, las familias, las comunidades y la historia de nuestro pueblo.
“Nuestro pueblo está sediento de buenas noticias […] y espera de la Iglesia una voz profética, palabras de consuelo y de compromiso con un mundo más humano”
Mons. William Ernesto Iraheta Rivera
Bendecir —nos recuerda también la tradición cristiana— es desear el bien desde lo más profundo del corazón, invocar la presencia de Dios en la vida del otro, y actuar con amor y compasión en medio de la realidad.
La Primera Carta Pastoral no solo traza un diagnóstico de nuestra diócesis y su contexto social, sino que también propone orientaciones concretas: fortalecer la catequesis desde la infancia, acompañar con cercanía a los sacerdotes, dar prioridad a los jóvenes y niños, atender los desafíos sociales como la violencia y la migración, y construir un Plan Pastoral Diocesano participativo.
Esta Carta es una guía luminosa para toda la Iglesia diocesana. Nos llama a unirnos en un mismo espíritu, dejándonos conducir por el Evangelio y por la gracia de Dios, siendo fieles a nuestra vocación bautismal y solidarios con los más pobres y vulnerables.