Segunda Carta Pastoral de Monseñor William Iraheta
Publicada en julio de 2025

«Vayan y enseñen»
La II Carta Pastoral de Monseñor William Iraheta: Vayan y Enseñen, parte de una preocupación pastoral muy concreta: cómo acompañar a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para que no solamente conozcan contenidos religiosos, sino que desarrollen una fe madura y vivan un verdadero encuentro con Jesucristo.
Mons. Iraheta recuerda que en su primera carta pastoral, «Enseñar el Evangelio con Alegría» (2017), pidió que cada parroquia estableciera una Escuela de Catequesis para niños y adolescentes de 6 a 14 años. Nueve años después, reconoce los frutos de aquellas iniciativas y presenta esta segunda carta como una herramienta para ordenar, fortalecer y unificar el proceso catequético diocesano.
1. La catequesis no es solamente preparación para los sacramentos
Uno de los mensajes más importantes es que la catequesis no debe reducirse a preparar a los niños para recibir la Primera Comunión o la Confirmación.
Su finalidad es mucho más profunda:
acompañar a la persona en un proceso progresivo de maduración de la fe y de encuentro con Jesucristo.
La catequesis debe ayudar al catequizando a conocer, amar y seguir a Jesús, hasta llegar a una fe madura, tanto individual como comunitaria.
Por eso, la catequesis debe convertirse en un proceso de discipulado y misión, no simplemente en clases de religión.

2. Jesucristo es el centro de toda catequesis
La carta insiste en que el contenido de la catequesis debe estar centrado en la persona de Jesucristo.
La Palabra de Dios es la fuente fundamental y el anuncio debe conducir al encuentro con Cristo, muerto y resucitado.
Esto significa que el catequista no está llamado simplemente a transmitir información, sino a ayudar a que la persona descubra:
- quién es Jesús;
- qué significa seguirlo;
- cómo vivir su Evangelio;
- cómo experimentar el amor y la misericordia de Dios;
- cómo transformar la propia vida desde la fe.
La catequesis, por tanto, debe llevar de conocer a Jesús a vivir como discípulo de Jesús.
3. La fe debe iluminar la realidad
Otro punto especialmente importante es que el Evangelio no puede separarse de la vida concreta.
La carta señala que el mensaje cristiano debe iluminar las circunstancias históricas, sociales y personales que vive el catequizando.
Por eso, la catequesis debe ayudar a interpretar la realidad desde el Evangelio y formar cristianos capaces de:
- reconocer el bien y el mal;
- analizar críticamente la realidad;
- defender la dignidad humana;
- comprometerse con los demás;
- vivir la solidaridad;
- participar responsablemente en la sociedad.
Al mismo tiempo, Mons. Iraheta advierte que la catequesis no debe convertirse en propaganda política o ideológica. Su centro siempre debe ser el Evangelio y la salvación ofrecida en Cristo.
4. Una catequesis con rostro humano
La carta propone inspirarse en la manera en que Dios educa y acompaña a su pueblo.
La pedagogía de Dios tiene varias características:
Es paciente: Dios acompaña los procesos.
Es personal: Dios conoce y llama a cada persona.
Es comunitaria: la fe se vive dentro de un pueblo y una comunidad.
Es histórica: Dios actúa dentro de la historia concreta.
Es una pedagogía del amor: el amor y la misericordia están en el centro.
Y el modelo definitivo es Jesús, quien sabe escuchar, dialogar, valorar la dignidad de cada persona y conducirla hacia una vida nueva.
Esto tiene una consecuencia muy importante para los catequistas: no se puede catequizar de la misma manera a todas las personas.
Hay que conocer su edad, realidad, capacidades, contexto familiar y posibilidades, incluyendo las herramientas tecnológicas que utilizan.

5. El catequista es mucho más que un profesor
La carta dedica una parte importante a los agentes de la catequesis.
El catequista debe ser ante todo testigo.
No basta con dominar un catecismo. Debe existir coherencia entre:
lo que enseña + lo que cree + lo que celebra + lo que vive.
Entre las características que la carta propone aparecen:
- amor a Jesucristo;
- amor a la Iglesia;
- conocimiento de la Palabra de Dios;
- vida sacramental;
- responsabilidad;
- perseverancia;
- honestidad;
- valentía;
- esperanza;
- capacidad para interpretar la realidad desde el Evangelio;
- disposición para trabajar con la comunidad;
- obediencia y comunión con las orientaciones diocesanas y parroquiales.
En otras palabras, el catequista enseña principalmente desde su propio testimonio de vida.
6. La catequesis es responsabilidad de toda la comunidad
Otro mensaje fundamental es que la catequesis no es responsabilidad exclusiva del catequista.
Intervienen diferentes agentes:
- padres y madres de familia;
- sacerdotes;
- religiosos y religiosas;
- catequistas;
- Delegados de la Palabra;
- movimientos y asociaciones;
- ministerios parroquiales;
- comunidades;
- fieles laicos.
La familia ocupa un lugar especialmente importante porque la educación de la fe no puede quedar encerrada en el salón de catequesis.
Lo aprendido debe continuar en el hogar, en la comunidad y en la vida cotidiana.
7. Una propuesta concreta para la Diócesis
Uno de los aportes más importantes de la carta es que no se queda solamente en reflexiones teológicas, sino que presenta un itinerario concreto para niños y adolescentes.
El proceso está pensado principalmente para edades de 5 a 14 años y busca acompañar progresivamente el crecimiento de la fe.
El itinerario se estructura alrededor de cinco pilares:
1. Catecismo
Contenido doctrinal adaptado a la edad y al lenguaje de cada grupo.
2. Modelo de vida
Cada etapa presenta un santo o santa como ejemplo concreto de cómo vivir el Evangelio.
3. Celebración litúrgica
La fe no solamente se estudia: se celebra y se experimenta dentro de la vida de la Iglesia.
4. Triple ministerio
La formación integra tres dimensiones:
- Profética: anunciar la fe.
- Social: vivir la fe mediante el servicio y el compromiso.
- Litúrgica: celebrar la fe.
5. Líneas de acción
La fe debe traducirse en acciones concretas: solidaridad, misericordia, servicio y compromiso comunitario.
La idea central es muy clara:
la catequesis debe pasar del conocimiento a la experiencia, de la experiencia al compromiso y del compromiso a la misión.
8. Las etapas buscan un crecimiento progresivo
La propuesta diocesana adapta los contenidos y experiencias a las diferentes edades.
Esto es importante porque la carta entiende que un niño de 5 años no puede recibir el mismo tipo de formación que un adolescente de 14 años.
Cada etapa busca responder a las necesidades psicológicas, espirituales y formativas propias de la edad.
En la etapa de madurez y misión, correspondiente a los 14 años, aparece un elemento particularmente significativo: San Óscar Romero como modelo de vida, acompañado por el compromiso con las obras de misericordia.
Esto vincula la catequesis con la identidad espiritual de la Diócesis de Santiago de María y con el testimonio de San Óscar Romero.
9. La catequesis debe producir una transformación
Quizás esta sea una de las ideas más importantes de toda la carta:
la catequesis no debe limitarse a transmitir conocimientos.
Debe producir una transformación en la persona.
El itinerario pretende que niños y adolescentes:
conozcan a Jesús → se encuentren con Jesús → sigan a Jesús → vivan como Jesús → sirvan como discípulos de Jesús.
Por eso, la carta habla de una catequesis orientada al discipulado y a la misión, y no solamente a la recepción de sacramentos.

10. La Iglesia necesita una catequesis alegre, integral y misionera
En conjunto, la carta propone una renovación de la catequesis diocesana alrededor de varias palabras clave:
| Eje | Qué propone |
| Cristo | Jesús debe ser el centro |
| Palabra | La Escritura fundamenta el proceso |
| Encuentro | La catequesis conduce a una experiencia personal con Jesús |
| Comunidad | La fe se vive junto a otros |
| Familia | Los padres son protagonistas |
| Testimonio | El catequista debe vivir lo que anuncia |
| Liturgia | La fe debe celebrarse |
| Servicio | La fe debe convertirse en obras |
| Misión | El discípulo está llamado a anunciar |
| Realidad | El Evangelio debe iluminar la vida concreta |
| Alegría | La fe debe comunicarse como Buena Noticia |
La idea central de la carta
Si se resumiera toda la carta pastoral en una sola frase, sería:
La catequesis debe dejar de entenderse solamente como preparación sacramental y convertirse en un verdadero camino de encuentro con Jesucristo, maduración de la fe, vida comunitaria, servicio y misión.
Esto representa una continuidad muy clara con la primera Carta Pastoral de Mons. Iraheta, «Enseñar el Evangelio con Alegría», donde ya planteaba la necesidad de fortalecer la catequesis desde la infancia, dar prioridad a niños y jóvenes y formar discípulos misioneros capaces de responder a la realidad de la diócesis.
Los 10 puntos que se destacan para una presentación
- La catequesis es un proceso, no un curso.
- Jesucristo es el centro de toda catequesis.
- La Palabra de Dios es el fundamento.
- El catequista debe ser testigo antes que profesor.
- La familia debe involucrarse activamente.
- La catequesis debe adaptarse a cada edad y realidad.
- La fe debe relacionarse con la vida y la realidad social.
- La catequesis debe integrar doctrina, espiritualidad, liturgia, comunidad y servicio.
- Los niños y adolescentes deben crecer progresivamente hasta convertirse en discípulos y misioneros.
- Toda la comunidad diocesana comparte la responsabilidad de evangelizar.
La carta termina con un llamado a que clero, religiosos, catequistas, agentes de pastoral y laicos conozcan y apliquen estas orientaciones en las parroquias, de manera que la propuesta no quede solamente como un documento, sino que se convierta en una práctica pastoral concreta
Pues leer la II Carta Pastoral de Mons.William Iraheta en el siguiente enlace: