I Carta Pastoral de Mons. William Iraheta Rivera
Escrita el 12 de marzo de 2017

La carta pastoral presenta el camino que la Diócesis de Santiago de María está llamada a recorrer, colocando como prioridad la evangelización, la defensa de la vida, el acompañamiento de las personas que sufren y el compromiso de todos los miembros de la Iglesia en la construcción del Reino de Dios.
1. Una Iglesia que recibe una herencia pastoral
Mons. William Iraheta reconoce la herencia recibida de los cuatro obispos que le precedieron: José Castro Ramírez, Óscar Arnulfo Romero, Arturo Rivera y Damas y Rodrigo Orlando Cabrera.
Destaca especialmente la cercanía de Mons. Romero con los pobres y el acompañamiento de Mons. Cabrera a las víctimas del conflicto armado y a los procesos de pacificación. Esta historia inspira al nuevo obispo a continuar construyendo una Iglesia con sacerdotes, laicos y comunidades comprometidos con el Evangelio.
2. Una Diócesis que conoce y acompaña su realidad
Durante su primer año como obispo, Mons. Iraheta recorrió las 40 parroquias y una rectoría de la Diócesis. Este recorrido le permitió conocer la diversidad de experiencias pastorales, la vida de las comunidades y el compromiso de sacerdotes y laicos.
Al mismo tiempo, la visita a las comunidades le permitió constatar situaciones graves que afectan a la población:
- pobreza y desigualdad;
- violencia, amenazas, extorsiones y asesinatos;
- falta de empleo digno;
- dificultades para acceder a educación, salud y servicios básicos;
- migración forzada, especialmente de jóvenes;
- desintegración familiar;
- efectos del cambio climático;
- sequías e inseguridad alimentaria;
- contaminación y deterioro de los ríos.
Ante esta realidad, la Iglesia debe escuchar el clamor de las personas y preguntarse, desde la fe: “¿Dónde está tu hermano?”
3. La alegría del Evangelio como respuesta
El centro de la carta es la convicción de que la Iglesia debe anunciar el Evangelio con alegría, especialmente en medio de una sociedad marcada por el sufrimiento.
El obispo recuerda que la Iglesia debe estar donde están quienes sufren, siguiendo el ejemplo de Mons. Romero. El anuncio cristiano debe ofrecer buenas noticias, esperanza, consuelo y una voz profética, frente a una realidad donde predominan las noticias sobre violencia y dolor.
La evangelización, por tanto, no puede separarse de la defensa de la dignidad humana. La pastoral debe poner a la persona y la vida en el centro, desde la concepción hasta la muerte, y comprometerse con la defensa de la vida en todas sus expresiones.
4. Cuidado de la creación

La carta también vincula la evangelización con el cuidado de la casa común.
El deterioro ambiental, la contaminación del agua, las sequías y los efectos del cambio climático afectan directamente a las comunidades, especialmente a los campesinos. Por ello, el obispo invita a desarrollar una espiritualidad que reconozca la tierra como un don de Dios y que lleve a transformar estilos de vida, modelos de producción y consumo.
5. Orientaciones pastorales
La carta propone varias líneas concretas para la acción de la Diócesis.
Evangelización permanente.
La primera tarea de la Iglesia es evangelizar. Se reconoce el valor de la visita casa por casa, pero también se invita a aprovechar las nuevas tecnologías y medios de comunicación como espacios de evangelización, teniendo cuidado de que no generen aislamiento o exclusión.
Fortalecimiento de los sacerdotes.
El obispo considera a los sacerdotes sus principales colaboradores y expresa su compromiso de acompañarlos, ayudarlos a vivir su vocación con serenidad y alegría e impulsar su misión pastoral. También pide a los laicos acompañarlos y colaborar con ellos.

Protagonismo de niños, jóvenes, mujeres y ancianos.
Estos grupos deben ocupar un lugar central en la acción pastoral, no solamente desde la defensa de sus derechos, sino mediante una formación espiritual y cristiana que los lleve al seguimiento de Jesús.
Catequesis para la vida.
Se propone fortalecer la catequesis mediante una escuela de catequesis en cada parroquia, dirigida a niños y adolescentes de 5 a 14 años, con la Primera Comunión a los 9 años y la Confirmación a los 14, para posteriormente integrarlos a las comunidades y grupos juveniles.
Pastorales específicas.
Se plantea desarrollar respuestas pastorales de acuerdo con las necesidades de cada comunidad, especialmente en áreas como familia, salud, migración, medio ambiente y violencia.
6. Un Plan Pastoral Diocesano
Una de las propuestas más importantes es elaborar un Plan Pastoral Diocesano participativo y estructurado, construido mediante la participación de toda la Iglesia.
El objetivo es que sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y comunidades puedan trabajar de manera coordinada, orientando sus esfuerzos hacia una pastoral de conjunto y la construcción del Reino de Dios.
Idea central de la carta
En síntesis, Mons. William Iraheta invita a la Diócesis de Santiago de María a evangelizar con alegría, pero con los pies puestos en la realidad concreta del pueblo.
La Iglesia está llamada a:
Anunciar el Evangelio, acompañar al que sufre, defender la vida, cuidar la creación, fortalecer a las familias y comunidades, formar a niños y jóvenes y trabajar unidos en una pastoral diocesana.
La carta concluye haciendo un llamado a que todos —obispos, sacerdotes, religiosos, laicos y personas de buena voluntad— trabajen unidos, dejándose guiar por el Espíritu Santo y haciendo de la evangelización una prioridad.
“Enseñar el Evangelio con alegría” es una invitación a que toda la Diócesis de Santiago de María sea una Iglesia cercana a la realidad de su pueblo, especialmente a los pobres y quienes sufren, y que anuncie a Cristo mediante una evangelización alegre, comprometida y organizada.
Pues leer el texto completo en el siguiente enlace:
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